Nutrition

2-3 tazas de café al día reducen el riesgo de demencia un 18%

Un estudio de JAMA con 130.000 personas durante 43 años confirma que 2-3 tazas diarias de café reducen el riesgo de demencia un 18%.

A black coffee mug and research document on a cream surface, lit by natural side light from above.

El estudio más grande de la historia sobre café y cerebro acaba de cambiar lo que sabíamos

En febrero de 2026, la revista JAMA publicó los resultados de uno de los estudios prospectivos más ambiciosos jamás realizados sobre cafeína y salud cognitiva. El seguimiento abarcó 130.000 participantes durante 43 años, combinando datos del Nurses' Health Study y del Health Professionals Follow-up Study, dos de las cohortes más rigurosas de la investigación biomédica estadounidense.

El hallazgo principal es directo: las personas que bebían entre 2 y 3 tazas de café con cafeína al día presentaron un 18% menos de riesgo de desarrollar demencia en comparación con quienes consumían poco o nada. No es una reducción marginal. En términos epidemiológicos, ese porcentaje es comparable al efecto protector que se le atribuye a la actividad física moderada sostenida.

Lo que convierte este estudio en un referente es la combinación de escala y tiempo. Cuatro décadas de seguimiento permiten controlar variables de confusión que estudios más cortos no pueden eliminar: hábitos de sueño, dieta, historial familiar, nivel educativo y patrones de ejercicio. Los resultados, ajustados por todos esos factores, siguen siendo sólidos.

menos riesgo de demencia en personas que toman 2–3 tazas de café con cafeína al día
menos riesgo de demencia en personas que toman 2–3 tazas de café con cafeína al día

Por qué el descafeinado no protege: la cafeína como agente neuroprotector

Uno de los datos más reveladores del estudio es que el café descafeinado no mostró ningún efecto protector sobre el riesgo de demencia. Este resultado no es un detalle menor. Señala directamente a la cafeína como el componente activo principal, y no simplemente a los polifenoles del café, que durante años han recibido la mayor parte del crédito.

¿Cómo actúa la cafeína a nivel cerebral? El mecanismo mejor documentado es el bloqueo de los receptores de adenosina, especialmente los subtipos A1 y A2A. La adenosina es un neuromodulador que, al acumularse durante el día, promueve el sueño y reduce la actividad neuronal. Al bloquearlo, la cafeína mantiene activos circuitos involucrados en la memoria y la atención. Pero su efecto va más allá del rendimiento agudo.

Investigaciones previas, ahora respaldadas por estos datos longitudinales, sugieren que la cafeína reduce la neuroinflamación crónica y puede inhibir la acumulación de proteínas beta-amiloide y tau, ambas características patológicas del Alzheimer. También parece modular la actividad microglial, el sistema inmune del cerebro. No es que el café sea un fármaco. Es que la exposición crónica a dosis moderadas tiene un efecto acumulativo sobre vías biológicas relevantes para la neurodegeneración.

comparison-cafe-vs-decaf-neuroprotection
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El té también protege: el papel del EGCG y la dosis que necesitas

Los bebedores de té no se quedaron fuera del análisis. El estudio encontró que 1 o 2 tazas diarias de té producían una reducción del riesgo comparable a la de 2-3 tazas de café. La diferencia de dosis tiene sentido si se considera el contenido de cafeína: una taza de té verde contiene entre 25 y 50 mg de cafeína, mientras que un espresso puede llegar a 80-100 mg.

Pero el té tiene un componente adicional que el café no tiene en la misma proporción: el EGCG (epigalocatequina galato), un polifenol con propiedades antiinflamatorias y neuroprotectoras documentadas en modelos animales y en algunos ensayos clínicos. La hipótesis es que en el té actúan en sinergia la cafeína y el EGCG, lo que explicaría por qué se necesita una dosis menor para obtener un efecto similar.

Esto abre una pregunta práctica: ¿café o té? La respuesta no es única. Si te cuesta tolerar más de una o dos tazas de café sin afectar el sueño, el té verde puede ser una alternativa funcional con perfil de beneficios similar. Si ya consumes café a diario dentro del rango de 2-3 tazas, tienes motivos sólidos para mantener ese hábito sin culpa.

Lo que esto significa si usas cafeína para entrenar

Para atletas y personas activas que ya usan cafeína como herramienta de rendimiento, este estudio aporta algo que pocas investigaciones habían confirmado con tanta contundencia: el consumo diario moderado de cafeína no daña el cerebro a largo plazo. Al contrario, puede protegerlo.

El estudio también midió rendimiento cognitivo objetivo. Los participantes con consumo regular de café cafeinado obtuvieron mejores resultados en pruebas cognitivas estandarizadas y reportaron menores tasas de deterioro cognitivo subjetivo: 7,8% frente al 9,5% en el grupo de bajo consumo. Son diferencias que, proyectadas a décadas, representan una divergencia significativa en la trayectoria de salud cerebral.

La clave está en el rango de dosis. El beneficio se concentra en 2 a 3 tazas al día. Por encima de 4-5 tazas, los beneficios se estabilizan o pueden revertirse por el impacto sobre el sueño profundo, que es en sí mismo un factor crítico para la consolidación de memoria y la eliminación de desechos metabólicos cerebrales. El momento del consumo también importa: evitar cafeína en las 6 horas previas al sueño sigue siendo una recomendación con respaldo sólido.

  • Dosis óptima para neuroprotección: 2-3 tazas de café cafeinado al día (equivalente a 200-300 mg de cafeína).
  • Alternativa con té verde: 1-2 tazas diarias producen efectos comparables gracias a la combinación de cafeína y EGCG.
  • El descafeinado no protege: los polifenoles solos no son suficientes para replicar el efecto observado.
  • El timing importa: consumir cafeína tarde puede comprometer el sueño y anular parte del beneficio cognitivo.
  • Para atletas: el uso diario de cafeína dentro de este rango es compatible con la salud cerebral a largo plazo y puede potenciarla activamente.

Este estudio no convierte el café en un suplemento médico. Pero sí reencuadra algo que muchos ya hacían por rendimiento o por placer como un hábito con un perfil de beneficios más amplio de lo que se pensaba. La neuroprotección no requiere cambios radicales. A veces, solo necesitas mantener lo que ya funciona.