Running

Por que las mujeres dominan los podios generales del ultra en 2026

En 2026, las mujeres están subiendo al podio general de los 100 millas. La fisiología, la táctica y la paridad económica explican por qué.

Female trail runner leads two male competitors mid-stride on rocky alpine terrain in golden-hour light.

La biología como ventaja: por qué el cuerpo femenino rinde mejor pasadas las 50 millas

Durante décadas, la conversación sobre rendimiento en ultras asumió que la brecha entre hombres y mujeres simplemente se reducía con la distancia. Lo que la ciencia de 2025 y 2026 confirma es algo más preciso y más interesante: la brecha no solo se reduce, sino que en ciertos perfiles de atleta se invierte.

La clave está en la oxidación de grasas. Las mujeres presentan una capacidad significativamente mayor para utilizar lípidos como combustible a intensidades de carrera ultramarathón. A un ritmo sostenido del 55-65% del VO2 máx, que es exactamente donde transcurren las 100 millas competitivas, el metabolismo femenino accede a reservas energéticas prácticamente ilimitadas con mayor eficiencia que el masculino.

Esto se traduce en una ventaja que se compone con el tiempo. A las 60 millas, una atleta que ha gestionado bien su sustrato energético tiene depósitos de glucógeno más conservados que un rival masculino con métricas de potencia similares. A las 80 millas, esa diferencia metabólica acumulada se convierte en minutos reales sobre el crono. No es un efecto pequeño: investigaciones recientes sobre fisiología femenina en ultras estiman que esta eficiencia puede representar hasta un 8% de ventaja en economía energética en la franja final de una carrera de esta duración.

Hay que añadir la termorregulación. Las mujeres distribuyen el calor corporal de forma diferente y, en condiciones de calor moderado a alto, como las que se dan en el Leadville 100 en agosto o en el Ultra-Trail du Mont-Blanc en verano europeo, esta característica reduce el coste fisiológico de mantener el ritmo. Son ventajas que no se ven en una pista de 400 metros, pero que a 160 kilómetros con desnivel acumulado cambian el resultado final.

Estrategia y disciplina táctica: donde los datos dan la razón a las mujeres

El análisis de datos de carreras como Western States, Hardrock 100 o UTMB revela un patrón consistente: las mujeres de élite salen más controladas, degradan menos el ritmo en el tramo final y toman mejores decisiones en las estaciones de avituallamiento. Esto no es opinión. Es lo que muestran los splits publicados temporada tras temporada.

En distancias de 100 millas, el error táctico más caro es salir demasiado rápido en los primeros 40 kilómetros. El cuerpo humano bajo estrés competitivo libera adrenalina que enmascara la fatiga real. Los corredores que no tienen la disciplina de ignorar esa señal pagan un precio brutal en el kilómetro 120. Los datos de 2026 en carreras norteamericanas muestran que las tres primeras mujeres clasificadas en general tuvieron, de media, una degradación de ritmo entre la primera y la segunda mitad un 12% menor que los hombres que las rodeaban en el clasificatorio.

También la gestión del sueño y las paradas técnicas marca diferencia. En el Tor des Géants, por ejemplo, una carrera de más de 300 kilómetros que sirve como referencia cultural para entender las tendencias del ultra, las atletas femeninas han demostrado repetidamente una mayor capacidad para estructurar las micro-paradas de forma eficiente. Entran, comen, descansan el tiempo justo y salen. Esa disciplina, sumada a la ventaja metabólica, crea una combinación difícil de batir.

No se trata de que los hombres sean tácticamente inferiores por naturaleza. Se trata de que la cultura de entrenamiento femenino en ultras, forjada en parte por la necesidad histórica de competir contra campos masculinos más profundos, ha producido atletas con una inteligencia de carrera extraordinariamente refinada. Esa cultura es ahora una ventaja competitiva real.

2026: la temporada en la que el podio general dejó de ser territorio exclusivo

La temporada 2026 ha producido resultados que ya no se pueden atribuir a la excepcionalidad individual. En el Western States 100, una corredora finalizó tercera en la clasificación general, siendo la segunda vez en tres años que una mujer alcanza el podio absoluto en esa carrera. En el UTMB, dos mujeres acabaron entre los cinco primeros generales, algo que no había ocurrido antes en la historia de la prueba con ese nivel de profundidad masculina en el campo.

En Europa, el Lavaredo Ultra Trail y el Eiger Ultra Trail 101K registraron en 2026 finales femeninas que superaron en tiempo a más del 80% del campo masculino. Esto no son anomalías. Son indicadores de que algo estructural está cambiando en la distribución de rendimiento entre géneros a estas distancias.

El contexto importa. Los campos masculinos en estas carreras siguen siendo enormemente competitivos. No se trata de que los hombres corran peor. Se trata de que las mujeres ahora corren mejor que nunca, con mayor profundidad de campo, mejor preparación específica y acceso a recursos de entrenamiento que hace diez años simplemente no existían para la mayoría de las atletas femeninas de élite.

El cambio también se nota en los tiempos absolutos. Las marcas femeninas en 100 millas han caído de forma sostenida desde 2022. En algunas carreras, la diferencia porcentual entre el récord masculino y el femenino es hoy menor en ultras que en maratón. Eso es un dato que obliga a replantear los marcos de referencia que usamos para hablar de rendimiento por géneros en resistencia, y los estudios sobre el muro en maratón apuntan en la misma dirección.

Paridad económica y visibilidad: el combustible que eleva todo el campo

Nada de lo anterior ocurre en el vacío. Detrás de los resultados de 2026 hay una transformación en las condiciones materiales del ultra femenino que comenzó a acelerarse alrededor de 2022 y ahora empieza a mostrar sus frutos competitivos reales.

Las bolsas de premios con paridad total son ya la norma en las principales carreras de élite. El UTMB otorga premios idénticos por posición sin distinción de género desde 2023. Western States sigue el mismo modelo. En Europa, carreras como el Transgrancanaria Elite o el Ultra Pirineu han igualado sus dotaciones en los últimos dos años. Cuando el dinero es igual, las mejores atletas del mundo tienen un incentivo real para priorizar el ultra en su calendario, algo que antes simplemente no era viable económicamente para muchas de ellas.

La visibilidad también ha cambiado de escala. Las plataformas de streaming deportivo y los canales especializados en running de montaña han aumentado exponencialmente su cobertura femenina. Atletas como Courtney Dauwalter ya son nombres reconocibles fuera del nicho ultra. Ese reconocimiento genera patrocinios, los patrocinios permiten entrenamiento de alto rendimiento a tiempo completo, y el entrenamiento a tiempo completo produce los resultados que estamos viendo en 2026.

El efecto de campo profundo es quizás el más importante a largo plazo. Cuando las mejores atletas del mundo ven que hay dinero, visibilidad y reconocimiento en el ultra femenino, más de ellas eligen ese camino. Eso eleva el nivel de todas. Una atleta que antes podría ganar una carrera importante sin ser empujada en los últimos 20 kilómetros ahora tiene que estar lista para una carrera táctica y física al límite hasta la línea de llegada. Ese contexto produce marcas mejores y produce atletas más preparadas para competir en el podio general.

Lo que estamos viendo en 2026 no es el pico de esta tendencia. Si las condiciones económicas y culturales se mantienen o mejoran, la próxima década en el ultra podría redefinir completamente lo que asumimos posible cuando hablamos de rendimiento femenino en resistencia extrema. Los datos ya apuntan en esa dirección. Los cronómetros también.