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Ergonomía y absentismo: lo que prueban los datos de Nueva York

Un estudio de septiembre de 2025 en Nueva York cuantifica cómo el mal diseño ergonómico dispara el absentismo y el presentismo, con costes que superan $1M anuales en empresas medianas.

A person adjusts an ergonomic monitor arm at a well-organized modern workstation in a bright office.

Lo que el estudio de Nueva York mide con precisión

En septiembre de 2025, un equipo de investigadores analizó datos de más de 40 organizaciones distribuidas en sectores tan distintos como la logística, las finanzas corporativas y la atención sanitaria en el estado de Nueva York. El objetivo no era demostrar que la ergonomía mejora el bienestar, eso ya se sabía. Era cuantificar exactamente cuánto dinero pierden las empresas cuando ignoran el diseño del puesto de trabajo.

Los resultados fueron contundentes. Las organizaciones con índices elevados de riesgo ergonómico, medidos mediante herramientas como REBA y RULA, registraron entre un 23 % y un 31 % más de días de baja por enfermedad relacionados con el sistema musculoesquelético que aquellas con protocolos de intervención activa. No se trata de una correlación vaga: el estudio controló variables como edad de la plantilla, tipo de contrato y sector, lo que refuerza la solidez del vínculo causal.

Quizás el hallazgo más relevante para los departamentos de recursos humanos fue la distinción entre absentismo y presentismo. Mientras el absentismo es visible y fácil de contabilizar, el presentismo, que ocurre cuando un trabajador llega a su puesto pero rinde por debajo de su capacidad real debido al dolor o la fatiga acumulada, permanece invisible en la mayoría de los balances de costes. El estudio estimó que, en entornos de trabajo sedentario, el presentismo genera entre 2 y 4 veces más pérdida productiva que las bajas declaradas.

Los trastornos musculoesqueléticos como mecanismo central de la pérdida productiva

Los trastornos musculoesqueléticos (TME) no son una consecuencia inevitable del trabajo. Son el resultado predecible de entornos mal diseñados que acumulan microagresiones físicas durante meses o años. Movimientos repetitivos, posturas forzadas, vibración continuada y carga estática sostenida son los cuatro factores de riesgo que el estudio neoyorquino identifica como los principales impulsores de TME en la población laboral analizada.

Lo que convierte a los TME en un problema financiero de primer orden es su trayectoria. Empiezan como molestia localizada que el trabajador tolera y minimiza. Luego se convierten en dolor crónico que afecta al sueño, al estado de ánimo y a la capacidad cognitiva. Finalmente, derivan en baja médica, tratamiento especializado y, en muchos casos, rotación laboral. Cada uno de esos estadios tiene un coste directo e indirecto de los TME que en 2026 ya aparece en las partidas de salud laboral de las empresas más atentas.

Según los datos del estudio, los sectores con mayor prevalencia de TME reportados fueron:

  • Logística y almacenamiento: manipulación manual de cargas sin rotación de tareas ni equipos de soporte adecuados.
  • Trabajo de oficina y finanzas: postura sedentaria prolongada con estaciones de trabajo no ajustables y uso intensivo de pantallas.
  • Atención sanitaria: transferencias de pacientes y turnos prolongados sin periodos de recuperación suficientes.

En todos los casos, el coste medio por trabajador afectado por TME de grado moderado o severo superó los $9.400 anuales cuando se sumaban bajas, sustitución temporal, pérdida de productividad y costes administrativos asociados. Esa cifra, proyectada sobre plantillas de tamaño medio, convierte la intervención ergonómica en una inversión con retorno claro.

Presentismo: el coste que nadie esta calculando bien

Hablar de absentismo en los informes de dirección es habitual. Hablar de presentismo, mucho menos. Y sin embargo, los datos del estudio de Nueva York confirman lo que varios economistas de la salud llevan años advirtiendo: el coste de los trabajadores que están físicamente presentes pero cognitiva y físicamente limitados supera con creces el coste de los que están de baja.

El mecanismo es sencillo de entender. Cuando alguien trabaja con dolor lumbar crónico, con tendinitis en el hombro o con síndrome del túnel carpiano en fase inicial, su velocidad de procesamiento disminuye, comete más errores, participa menos en dinámicas de equipo y evita tareas que implican esfuerzo físico adicional. Todo eso tiene un valor económico negativo que rara vez aparece en los modelos de ROI del bienestar empresarial porque no genera un parte de baja oficial.

El estudio estimó que en entornos de oficina con diseño ergonómico deficiente, el presentismo absorbe el equivalente a entre 18 y 24 días laborables perdidos por empleado al año. En una empresa de 200 personas con un salario medio de $55.000 anuales, eso representa una fuga de valor de aproximadamente $1,2 millones por año que no aparece en ninguna línea del presupuesto.

Lo más relevante es que este coste es altamente prevenible. Las intervenciones que el estudio identificó como más eficaces para reducir el presentismo no son las más caras ni las más complejas. Incluyen ajustes posturales en estaciones de trabajo, pausas activas estructuradas, formación básica en higiene postural y, en algunos casos, reorganización simple del flujo de tareas para reducir la carga estática.

La ergonomia como herramienta de retencion y resiliencia organizacional

Las empresas que participaron en el estudio con programas de ergonomía activa, no como cumplimiento normativo sino como estrategia integrada, mostraron indicadores significativamente mejores en tres dimensiones clave: rendimiento individual, retención de talento y capacidad de adaptación ante cambios operativos. El argumento de la ergonomía como herramienta de cumplimiento ya no sostiene la conversación en 2026. El argumento de la ergonomía como ventaja competitiva, sí.

En términos de retención, las organizaciones con programas ergonómicos formales reportaron una reducción media del 17 % en la rotación voluntaria dentro de los roles con mayor exposición a riesgo musculoesquelético. Eso es relevante en un mercado laboral donde el coste de reemplazar a un empleado cualificado oscila entre el 50 % y el 200 % de su salario anual, dependiendo del nivel de especialización.

La resiliencia organizacional es quizás el argumento menos explorado y el más estratégico. Una plantilla con menor carga acumulada de TME responde mejor a picos de demanda, absorbe mejor los cambios de turno y tiene mayor capacidad para asumir responsabilidades ampliadas sin que la productividad colapse. Ese colchón operativo tiene un valor que no aparece en los modelos estándar de análisis de costes, pero que las empresas con visión a largo plazo ya empiezan a medir.

Construir ese colchón requiere pasar de una lógica reactiva, intervenir cuando ya hay baja o queja formal, a una lógica preventiva basada en evaluación continua del riesgo. Las herramientas para hacerlo existen, los datos para justificarlo también. Lo que cambia con el estudio de Nueva York es que ahora hay cifras concretas, sectoriales y recientes que permiten presentar ese argumento en cualquier sala de dirección sin que suene a intuición o tendencia. Suena a gestión.